El FSB advirtió al G20 que las stablecoins globales y sus marcos regulatorios no fueron puestos a prueba en un estrés severo ni en una insolvencia

El Consejo de Estabilidad Financiera publicó el 12 de octubre una nota que acompaña la carta de su presidente, Andrew Bailey, a los ministros de Finanzas y banqueros centrales del G20, que se reúnen el jueves 15. Dice que el mercado ronda los US$ 300.000 millones, 99% atado al dólar, y que la interacción entre las regulaciones nacionales sigue indefinida.
El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), el organismo con sede en Basilea que coordina a los reguladores financieros de las principales economías, advirtió que «las stablecoins globales y los marcos regulatorios nacionales siguen sin haber sido puestos a prueba en un estrés severo y en una insolvencia». Lo dice una nota de nueve páginas publicada el lunes 12 de octubre junto con la carta de su presidente, Andrew Bailey, a los ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G20, que se reúnen el jueves 15.
Según el FSB, a mediados de 2026 el valor total de mercado de las stablecoins —tokens que buscan mantener la paridad con una moneda— ronda los US$ 300.000 millones, «esencialmente sin cambios» respecto de un año antes, y el 99% está atado al dólar estadounidense. Hoy se usan sobre todo como fuente de liquidez para entrar, salir y operar en los mercados cripto; en algunas economías emergentes también funcionan como reserva de valor alternativa.
Un emisor que no sabe quién tiene sus tokens
La nota contrasta una stablecoin global con un banco. El banco conoce a sus depositantes y administra los retiros con la vista puesta en todo su balance; el emisor de una stablecoin, en cambio, «puede no saber quién tiene sus pasivos, dónde están domiciliados esos tenedores o, en algunos casos, dónde se materializará la demanda de rescate». Mientras los tokens circulan las 24 horas en mercados secundarios, las reservas que los respaldan y la protección legal de los tenedores quedan ancladas en jurisdicciones concretas, y el rescate y la gestión de reservas siguen los horarios y las prácticas de liquidación de los mercados tradicionales.
En un momento de estrés, advierte el organismo, ese acceso permanente puede aumentar la velocidad y el tamaño de las ventas y presionar la paridad si los rescates no alcanzan a cubrir la demanda; a la vez, mercados secundarios profundos permiten arbitrajes que ayudan a sostenerla. Una corrida podría contagiar al sistema financiero tradicional por cuatro vías: ventas forzadas de activos de reserva, retiros de depósitos bancarios para pagar rescates, la dependencia de pagos de la economía real que usen esa stablecoin y los mercados de cambios donde se emplean para operaciones transfronterizas.

Esquemas multiemisor y arbitraje regulatorio
El FSB dedica un apartado a los esquemas «multiemisor», en los que varias entidades afiliadas responden en conjunto por una misma stablecoin pero mantienen reservas separadas. Si los tenedores pueden rescatar con cualquiera de ellas sin importar dónde se emitieron sus tokens, la demanda podría concentrarse en una sola entidad del grupo; el rebalanceo de reservas entre países depende de su movilidad, del acceso a los mercados y de flujos de información y coordinación que «pueden quebrarse en el estrés». Si no se puede determinar dónde están los tenedores, agrega, la atribución de pasivos a cada emisor y los derechos legales podrían ser inciertos en una quiebra.
La nota señala también que la interacción entre regulaciones nacionales sigue «incierta o indefinida» en muchas jurisdicciones, incluido el tratamiento de las stablecoins emitidas en el exterior, y que eso abrió espacio al arbitraje regulatorio: algunos emisores eligen instalarse y operar desde jurisdicciones con regulación más laxa o sin regulación. Para las economías emergentes, los riesgos adicionales incluyen la sustitución de la moneda local, la desintermediación bancaria y dificultades para administrar los flujos de capital, por lo que allí una stablecoin podría volverse sistémica con un nivel de uso menor.
Datos que no alcanzan
El segundo eje es la información disponible. Los supervisores dependen sobre todo de compiladores privados de datos que usan métodos propios, de precisión y transparencia variables, lo que crea, según el FSB, «riesgos de comparabilidad y credibilidad». Un desafío más estructural es que la seudonimidad de las blockchains públicas impide, en muchos casos, atribuir el uso de stablecoins a países o fines específicos, un dato necesario para medir concentraciones y flujos transfronterizos.

Qué propone y qué sigue
El FSB, cuyas recomendaciones no son vinculantes, plantea tres líneas de trabajo: reforzar el monitoreo de las vulnerabilidades transfronterizas —con métricas sobre la profundidad y liquidez de los mercados secundarios y la distribución geográfica de tenencias, rescates y reservas—; apoyar la aplicación de sus recomendaciones de 2023 con más cooperación e intercambio de información entre países, y relevar cómo se planifica la quiebra de una stablecoin global. En materia de datos sugiere definir métricas e identificar huecos, aprovechar mejor la información existente y explorar buenas prácticas de la industria.
En su carta, fechada el 8 de octubre, Bailey escribió que las regulaciones nacionales «están tomando forma a distintas velocidades» y que la cooperación transfronteriza en la materia «todavía está en su infancia», y que las stablecoins globales —en particular las que operan desde jurisdicciones poco reguladas— siguen ocupando un lugar destacado en las discusiones sobre fraude y delitos financieros. La carta repasa además otros riesgos para el sistema: la volatilidad de los bonos soberanos, las vulnerabilidades del crédito privado y los asociados a la inteligencia artificial, incluida la posibilidad de que una revisión de las valuaciones ligadas a la IA desate una corrección más amplia del mercado.
Por qué importa: la nota llega mientras cada jurisdicción arma su propio marco —en Europa, la ESMA pidió hace días que los exchanges dejen de operar USDT y otras stablecoins sin licencia MiCA— y pone el foco en lo que esos marcos todavía no resuelven: quién responde y cómo se reparte una corrida cuando la stablecoin circula por todo el mundo. Qué sigue: la discusión del informe en la reunión del G20 del jueves 15.
Fuentes: FSB — Global stablecoin arrangements: cross-border vulnerabilities and financial stability monitoring, FSB — Carta de Andrew Bailey al G20 (octubre de 2026), FSB — comunicado del 12 de octubre, CryptoTicker.
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